[Según Wikipedia, la enciclopedia libre, el término economía viene del griego οίκος (casa) y νέμoμαι (administración), es decir, en la literalidad de su significado etimológico, economía sería algo así como “administrar la casa”]

Gastamos dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos, para impresionar a gente a la que no importamos
(Will Smith, actor norteamericano, 1968)

Era una mañana, no recuerdo si soleada o no, de octubre de 1988. Yo estaba sentado en las filas traseras de una de las aulas con forma de anfiteatro romano de la Facultad de Económicas de Barcelona. Asistía a la asignatura de Historia Económica de primer curso. Iniciábamos una materia totalmente nueva para nosotros y estábamos atentos a su presentación. Entró el profesor. Explicó brevemente cómo se estructuraba su cátedra y la asignatura. Y acto seguido lanzó una pregunta al aire:

  • “¿Saben ustedes lo que es la Economía?”

Silencio sepulcral en el aula. Había creado expectativas. Todos sabíamos que se trataba de una pregunta retórica. Era lo máximo para un alumno de primero de Económicas ¿qué era la Economía?… sinceramente, no tenía ni idea.

  • “Señores”, continuó diciendo el profesor, “Economía es aquella ciencia social que trata sobre la asignación eficiente de unos recursos escasos, siendo estos recursos la tierra, el trabajo y el capital”.

Acto seguido, guardó sus notas en el maletín y, como se trataba de la primera clase del curso, dio por terminada la introducción y se marchó.

Han pasado ya unos 32 años desde aquel día. Casi 11.700 días en los que hubo muchas más clases y profesores, másters y postgrados, conferencias y presentaciones, desayunos y almuerzos de trabajo, y formaciones de todo tipo… pero recuerdo como si fuera ayer esa definición.

Y es que, al recordarla ahora con la perspectiva del tiempo pasado y vivido, siento cómo acabamos confundiendo y retorciendo algo tan sencillo como “administrar una casa”.

Como economistas administradores de casas, siempre deberíamos recordar que la Economía es una “ciencia social”, y, por lo tanto, trata sobre el comportamiento humano tanto a nivel individual como a nivel colectivo o de sociedad, sobre cómo se debe “administrar una casa”, sea ésta la nuestra, o sea esta casa una nación o una zona geográfica entera.

Al ser una ciencia social, la Economía entra a formar parte del colectivo de las denominadas ciencias humanísticas como la filosofía (la psicología de los clásicos) y la política (el arte del gobierno), y queda muy lejos de las denominadas ciencias puras como las matemáticas o la física, con todo lo que ello comporta.

Quiero remarcar que el objetivo último de la Economía es “asignar eficientemente unos recursos escasos”, o lo que es lo mismo, tratar de que los individuos o colectivos tengan la cantidad suficiente de recursos escasos, encuadrándose dichos recursos en, básicamente, 3 categorías:

-La tierra (materias primeras y recursos naturales)

-El trabajo (las personas)

-El capital (la riqueza)

Es importante no perder de vista que el instrumento principal que utiliza la Economía para cumplir con su definición; es el análisis del pasado. Todo ello contribuye a dibujar equilibrios futuros, a partir del pronóstico de los comportamientos humanos individuales y colectivos para la asignación de la tierra, el trabajo y el capital. Aquí radica su especial dificultad. Ni más ni menos que en la futurología utilizando la predicción del comportamiento humano a partir de hechos pasados.

Es debido a este último punto, que algunos introducen complejos algoritmos y modelos matemáticos de predicción, desvirtuando, a mi entender, esa ciencia social sobre el comportamiento humano de “cómo administrar una casa”. ¿Por qué?, porque no hay ningún modelo matemático por muy complejo que éste sea, que consistentemente en el tiempo, prediga con un margen de error estrecho el comportamiento humano. (Les recomiendo leer mi artículo de reflexión titulado “El Dilema del Prisionero”).

Todo es más simple. Lo primero es colocar cada cosa en su lugar, y una vez ordenado, lo segundo es dejar que las cosas hagan lo que han venido a hacer. Como en un reloj, primero se colocan las piezas de la maquinaria, luego se ajustan las manecillas a la hora exacta, se le da cuerda al reloj, y se deja que las manecillas giren para indicarnos la hora que es en cada momento. Sólo se debe estar atento a que las manecillas sigan girando, ya que, sino, dejará de hacer aquello para lo que ha sido hecho.

Dejemos el reloj y pasemos a la Economía.

Lo primero que deberemos hacer es saber colocar cada recurso en su lugar (montaje de la maquinaria). Como hemos visto, existen 3 recursos productivos escasos o limitados:

  1. La tierra: las materias primas y los recursos naturales.
  2. El trabajo: la mano de obra (las personas)
  3. El capital: el nivel de riqueza o de renta (el PIB para las naciones)

Lo segundo, deberemos decidir qué tipo de sistema queremos poner en funcionamiento. En este sentido, según quien ejerza el control sobre los recursos, las anteriores categorías podrán ser de propiedad pública o privada.

La prevalencia de una sobre la otra hará que un sistema económico sea más social o sea más liberal. Colocaríamos en un extremo un sistema de control público absoluto híper normativizado donde no hay lugar para la iniciativa y la propiedad privada y; en el otro, un sistema absolutamente desregularizado, sólo regido por la ley de la oferta y la demanda; cuyo único objetivo sea la optimización del beneficio monetario. Entre ambos pueden existir diferentes sistemas con infinitos grados de prevalencia entre una y otra titularidad. En realidad, los sistemas mixtos son los más comunes y eficientes, combinando ambas gestiones según sea el bien y servicio gestionado y el destino de éste.

En tercer lugar, cabrá tener en cuenta a cada uno de los sectores de actividad. A qué se dedican y sus particularidades a la hora de actuar. Los sectores de actividad son 4:

  1. El sector primario: se dedica a la extracción de materias primeras y recursos naturales.
  2. El sector secundario: es el de la industria transformadora.
  3. El sector terciario: el de los servicios.
  4. El sector cuaternario: el del conocimiento y la investigación.

La cuarta pieza del engranaje, que debemos colocar, será la de los consumidores finales dispuestos a comprar los bienes y servicios producidos.

Ahora sí podemos decir que tenemos todas los dispositivos de la maquinaria del reloj insertadas. ¡Démosle cuerda!…

… ¿cómo?…

… favorezcamos que se produzcan transacciones de compra y venta entre consumidores y productores de un bien o servicio; siendo el “nivel de crédito” el acelerador o desacelerador del ritmo de transacciones. Como un motor, el crédito puede revolucionar más o menos el ritmo de generación de transacciones comerciales. A más crédito más transacciones, pero si lo reducimos, disminuimos también las transacciones. Problema que plantea el crédito: si nos pasamos podemos romper o ”gripar” el motor, y si no llegamos podemos pararlo o “ahogarlo”. Como todo en esta vida, debemos encontrar el punto de equilibrio, y esto sólo se consigue por la experiencia pasada probando motores, equivocándonos y aprendiendo.

SÓLO HAY 3 INDICADORES A SEGUIR

¿Cómo saber la hora del día que es?

En Economía hay un sinfín de indicadores del estado del sistema, pero podemos resumirlos en 3:

La productividad

Es la relación entre la cantidad de bienes y servicios obtenida (la producción) y la cantidad de recursos escasos utilizados para obtenerla. En principio, a más recursos utilizados parece que sería lógico pensar en que se debería obtener más producción. Pero que esto ocurra no significa que se esté realizando una “asignación eficiente de recursos escasos”. De hecho, lo más probable es que los estemos malgastando. Y sabemos que son exiguos.

El crecimiento económico sólo será sostenible en el tiempo cuando se haga sobre la base de aumentos de la productividad, es decir, cuando utilizando la misma cantidad de recursos escasos, obtengamos una mayor y/o mejor cantidad de bienes y servicios. Ésta es la clave de la mejora constante y es el indicador básico del estado del sistema económico.

Un sistema económico con pérdidas constantes de productividad es como un dinosaurio, está condenado a la extinción. Tardará más o menos, pero no será viable. ¿Se imaginan que para obtener la misma cantidad de bienes y servicios necesitara cada vez más y más recursos, los cuales, a su vez, limitados?… en un negocio esto supondría su cierre a medio plazo.

 La Demanda

Pone de manifiesto el nivel de riqueza.

A nivel nacional o de una zona geográfica determinada, se conoce comúnmente como PIB (Producto Interior Bruto), y es el valor monetario de la producción anual comprada por los individuos o colectivos de esa nación o zona geográfica.

Veamos un ejemplo sobre la dimensión del PIB del año 2019 de algunas naciones, es decir, sobre su valor en euros generados durante el año 2019.

Las 5 mayores economías del mundo (los más ricos) en términos de PIB son:

A.- EEUU.                                                                19.140M €
B.- UE (27 países sin UK)                                          13.922M €
C.- China                                                                 12.809M €
D.- Zona Euro (19 países de los 27 de la UE)              11.905M €
E.- Japón                                                                  4.540M €

Como puede apreciarse, el país que genera más riqueza anualmente son los EEUU. Su economía es un 37% mayor que la de su inmediato seguidor (la UE de 27 países ya sin el Reino Unido), un 49% mayor que la de China, y un 60% mayor que la de la zona euro (formada por 19 de los 27 países que configuran la UE). Si fuera una persona física, sería el primero en el ranking de multimillonarios de la revista Forbes, estando muy por encima de sus seguidores. Sería el Jeff Bezos (Amazon) por ponerle un nombre, pero la UE sería como Bill Gates (Microsoft), que tampoco está nada mal y, como último candidato, China sería más o menos como un Warren Buffett (el oráculo de Omaha).

Cabe destacar que, a pesar de todo el ruido mediático que generan, la economía China es “tan sólo” un 7% mayor que la de la zona euro (19), pero un 8% menor que la de la UE en su conjunto. Y ahí hay ya una fuente de conflicto entre competidores directos por ocupar su lugar en el mundo. La desventaja europea frente a China, o incluso frente a los EEUU es que son entre 19 y 27 países para ponerse de acuerdo, cada uno de ellos similar pero heterogéneo en sus sistemas económicos (las maquinarias del reloj); lo que complica la toma de decisiones sobre qué lugar ocupar en el mundo y cómo hacerlo. Todavía se debe aprender a utilizar la diversidad como una ventaja competitiva.

Dentro de los 19 países de la zona euro, las 4 economías mayores son las de Alemania (3.436M €), Francia (2.419M €), Italia (1.788M €) y España (1.245M €). Estas 4 economías acumulan el 75% de la riqueza anual de la zona euro. Un apunte, para tener en cuenta en este ámbito, es lo difícil que lo están teniendo Francia, Italia y España para obtener el soporte financiero necesario que palíe los efectos devastadores de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19 sobre sus economías, a pesar de ser 3 de las 4 mayores economías del euro.

En el orden de las reflexiones para tener en cuenta cuando las comparamos con su ruido mediático internacional, me llama la atención que:

  1. En la clasificación de “ricos”, el quinto (Japón) supone “nada más” que entre 1/4 y 1/3 parte de los primeros.
  2. Rusia (1.519M €) es “tan sólo” un 22% mayor que la economía de España, pero Rusia es invitada a menudo a participar en las reuniones del G7 (los 7 países más ricos del mundo).
  3. La economía de España es comparable en términos de riqueza generada anualmente a la de Australia (1.269M €).
  4. Otros países considerados “ricos” tienen un tamaño de su economía muy inferior a la española: Países Bajos (812M €); Suiza (628M €); Suecia (475M €); Austria (398M €); Noruega (359M €) o Israel (353M €).

 

El nivel de Crédito

Es la riqueza prestada para su utilización por otro, a cambio de un compromiso de retorno futuro.

Si toda la riqueza poseída no fuera utilizada para nada más que para contribuir a rellenar el escondite del sótano, se estaría ralentizando el ritmo de transacciones en la economía y podría llegar a paralizarse. Queda claro que la riqueza debe ser utilizada para generar nuevas transacciones, y la forma de utilizarse es: consumiendo (comprando bienes y servicios); invirtiendo para modernizar a los sectores de actividad (produciendo bienes y servicios en mayor cantidad o de mayor calidad con menos recursos) y ahorrando. Esto último necesita una aclaración; el ahorro entendido como un capital que no deje la riqueza fuera del sistema o “debajo del colchón”, sino invertido a través de instrumentos financieros que se convierten o que facilitan la concesión de crédito para que otros puedan consumir o invertir.

Como en el caso de la demanda, a nivel nacional suele medirse como % sobre el nivel de PIB o riqueza anual generada.

¿Y por qué se hace así? Porque trata de medir el nivel de deuda (o crédito) respecto a su capacidad de pago, y para determinar ésta, se toma la riqueza que se genera en un año.

¿Tiene esto sentido?… a mi entender no. Tomar el nivel de riqueza como capacidad de pago está bien, pero para ver si puedes o no pagar, el nivel de deuda no nos dice mucho, mientras que sí lo haría si se tomara el coste anual de dicha deuda.

Los medios de comunicación económicos informaron a principios de año de que el nivel de deuda mundial durante el año 2019 había sido del 322% del PIB mundial, lo que quiere decir que, durante el año 2019, por cada 100€ de riqueza generada en el planeta, habían 322€ de crédito.

¿Es eso mucho o poco?… en Economía todo es relativo, pero, como decía el extraordinario Sr. Capel, mi profesor de matemáticas de EGB al que le agradezco el haberme sabido motivar en este campo, “…lo importante es comparar peras con peras y castañas con castañas”. Y me temo que en este caso estamos comparando peras con castañas.

Pongamos un ejemplo.

La familia Pérez (padre, madre y dos hijos) tiene unos ingresos anuales de 100.000 € (PIB de un país), y una hipoteca sobre su vivienda de 322.000 € (nivel de deuda o crédito de ese país) a 20 años a un tipo de interés actual del 2%.

Como los informativos económicos decían, en este caso la familia Pérez tiene un nivel de deuda del 322% sobre sus ingresos.

¿Quiere esto decir que la familia Pérez no podrá pagar sus deudas y que están en una grave situación de riesgo?

Para saber si la familia Pérez podrá pagar su hipoteca, deberemos saber cuánto le cuesta a la familia Pérez pagarla. Haciendo cálculos (que ahorraré al lector), la cuota de su hipoteca es de unos 1.517€ al mes, o lo que es igual, aproximadamente 18.200 € al año con los intereses al 2% anual.

Así pues, la familia Pérez ingresa al año 100.000 € y debe pagar al año 18.200 € en concepto de deuda o crédito, es decir, el coste de su deuda es de algo más del 18% de sus ingresos, quedándole un 82% de sus ingresos libres para el resto (pago de impuestos, pagar colegios, comprar comida y vestuario, tener algún que otro capricho y ahorrar).

En principio, parece que la familia Pérez puede soportar un nivel de deuda del 322% de su riqueza anual, ya que, lo que le cuesta tenerla actualmente le supone tan sólo un coste anual del 18% de sus ingresos anuales.

He querido poner este ejemplo porque cuando se habla de Economía, parece que todo el mundo tiene la razón y que todos mienten a la vez. Curiosa paradoja. Lo cierto es que muchas veces, quizás demasiadas, se utilizan términos económicos grandilocuentes, sin analizar realmente lo que quieren decir, y los damos como válidos tan sólo porque salen en uno u otro medio, o lo ha dicho tal o cual persona que creemos imparcial, pero lo único imparcial es entender objetivamente de lo que se está hablando. La Economía se ha convertido en la herramienta de los gobiernos y de los agentes sociales de tratar de influir en la opinión pública para atraer partidarios hacia sus tesis. Es la manera “sencilla” de hacer demagogia para influir en las masas.

Lo único importante que debe tenerse en cuenta como “buen administrador de la casa”, es que cuando ganas 100€ y gastas 120€, tienes un problema que deberás resolver ganando más, o gastando menos, o ambas cosas. El sentido común siempre prevalece.

EN RESUMEN, TODO SE BASA EN EL SENTIDO COMÚN DE CÓMO ADMINISTRAR LA CASA

No hace falta ser Doctor en Economía por la Universidad de Harvard para saber que “no debemos estirar más el brazo que la manga”; si no queremos dejarlo al descubierto, pasar frío, o quemarnos por el sol.

Sabemos que sólo vamos a contar con 3 clases de recursos, y lo más importante, es que son escasos. Si fueran ilimitados, todo sería más fácil, pero no es así. Para hacerlo más difícil, unos cuentan con unos recursos y otros con los otros; nadie posee todos los recursos a la vez.

Deberemos también decidir qué cantidad de recursos públicos y privados vamos a permitir que aparezcan y sobre qué lo haremos; teniendo en cuenta que los primeros son socialmente provechosos y los segundos son monetariamente rentables y que pocas veces el beneficio social y el monetario suelen estar alineados.

En mi opinión, todo lo referente a educación, sanidad, seguridad, defensa e Infraestructuras estratégicas (energía, telecomunicaciones, puertos, aeropuertos y red viaria), deberían estar bajo la asignación de recursos públicos; puesto que principalmente van dirigidos a la población en su conjunto. El resto de las actividades, en líneas generales, estarán mejor gestionas bajo la iniciativa privada.

Con todo organizado, le damos cuerda al reloj, y dejamos que la máquina se mueva favoreciendo un comercio basado en la multiplicidad del ritmo de transacciones de compra-venta de bienes y servicios; evitando barreras de entrada y haciendo que la información y la comunicación entre las partes fluya rápida y libremente. Si queremos que haya más transacciones favorecemos la concesión de crédito, pero con cuidado de no “gripar” el motor y si queremos ralentizar las transacciones endurecemos las condiciones para la concesión de crédito, pero vigilando de no parar en seco el motor y “ahogarlo”.

Para ir controlando que todo vaya saliendo como pretendemos, nos fijamos en 3 indicadores del motor: el más importante, la productividad; luego en la demanda o nivel de riqueza; y por último en el nivel de deuda o crédito, pero referenciando su coste con el nivel de riqueza anual.

Y, por último, lo más importante. El sentido común de un “buen administrador de su casa”. Piensen que, de la suma de todas las economías domésticas, surge la economía del país. Y de la suma de países, la economía mundial. Todo empieza por uno mismo y no por dejar que otro tome nuestras responsabilidades de buen administrador.

Ya lo decían los griegos ¡Pueblo sabio!

RAFAEL RABAT
Economista
Socio Fundador de NORZ Patrimonia EAF, SL
Socio Fundador de GAR Investment Managers, SàRL

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